El uso de los metales desarrolló toda una serie de técnicas analíticas relacionadas con el control de la composición de minerales y aleaciones. A finales de la Edad Media, el "ensayo de metales" comprendía un conjunto de operaciones y herramientas que permitían conocer cuestiones tales como la proporción de plata y cobre en las monedas de oro o la presencia de un metal en un determinado mineral. En muchos países europeos, el ensayo de metales era una ocupación perfectamente definida a la que se dedicaban un gran número de personas.
Uno de los métodos más empleados en este tipo de análisis
fue la copelación. La copela era un pequeño crisol poroso
construido generalmente con las cenizas producidas por huesos calcinados.
Tras pesar la aleación que se deseaba analizar, se introducía
en la copela y se calentaba en un horno especial a temperaturas elevadas
y en una atmósfera oxidante. De este modo, los metales fácilmente
oxidables, como el plomo, se convertían en óxidos, los cuales
eran absorbidos por las paredes de la copela o evaporados. De este modo,
al final del proceso se puede conocer el peso del oro o de la plata
presente
en la aleación mediante la comparación del peso inicial y
final de la muestra analizada. Por ello, el desarrollo de estas técnicas
de análisis obligó a la fabricación de balanzas de
precisión como la que aparece en el siguiente grabado.
Grabado procedente de la obra de Juan de Arfe,
Quilatador
de plata, oro y piedras (1572). En ella se
puede observar la presencia de una balanza (parte superior izquierda) y
al propio Arfe introduciendo una copela en el horno durante una operación
de ensayo.